El fútbol formativo tiene algo que lo diferencia de cualquier otra categoría: no solo se construyen equipos, se construyen personas. Chema Delmás, entrenador del Primera Alevín y auxiliar de coordinación, habla desde la experiencia de haber vivido tanto el éxito como la dificultad en los últimos años.
Tras lograr el ascenso a División de Honor Infantil desde Primera Infantil, reconoce que aquella etapa marcó su crecimiento profesional. “Ha sido una de mis mejores temporadas como entrenador. Uno de los grandes aprendizajes es que trabajando y currando día a día al final el premio llega”. Diez meses exigentes, unos playoff “complicadísimos” y un grupo que nunca dejó de creer en el mensaje del cuerpo técnico. “Los jugadores siempre confiaron en nuestro mensaje tanto en los buenos como en los malos momentos y se vaciaron día a día. Al final conseguimos el objetivo que nos marcamos al principio de temporada”.
Sin embargo, el fútbol también pone a prueba desde el otro lado. La temporada siguiente fue más compleja y obligó a gestionar emociones y expectativas. “Cuando las cosas no van bien parece que todo es más difícil, pero no es así. Hay que mantener la calma, transmitir al grupo que con trabajo los resultados llegarán y que hay que estar unidos”. Para Chema, esos momentos fueron determinantes en su evolución: “Nunca hay que dejar de trabajar. Los momentos malos también te hacen progresar tanto al futbolista como al entrenador”. Tiene claro que en este oficio “se aprende más de las derrotas que de las victorias” y que la clave está en “intentar siempre ser un poquito mejor que ayer”.
Ahora, al frente del Primera Alevín desde la segunda vuelta, afronta una nueva etapa con ilusión y ambición. El equipo ya venía bien trabajado, pero ha querido introducir nuevos conceptos para potenciar su crecimiento. “Los chicos están trabajando bien día a día, cogiendo los nuevos conceptos que queremos meter para seguir mejorando y acabar la temporada lo más arriba posible”. Su propuesta es clara: “Tenemos que ser un equipo agresivo, intenso e ir al límite en cada jugada, que si nos quieren ganar sea por mérito del rival y no por demérito nuestro”.
En categorías formativas, el equilibrio entre competir y disfrutar es fundamental. Chema lo resume con naturalidad: “Tienen que salir al campo a disfrutar, pasarlo bien y ser valientes. Es un deporte que les encanta, entonces tienen que ser felices haciendo lo que más les gusta”. Pero esa felicidad no está reñida con la exigencia. “El esfuerzo es una cosa que no se negocia”, insiste, convencido de que lo que aprendan hoy les servirá mañana “tanto futbolísticamente como personalmente”.
Especial importancia tiene su manera de entender el error. “El error es humano. No pasa nada por fallar, de los fallos se aprende. Hay que corregir siempre con un método positivo”. En su visión, formar jugadores va mucho más allá del marcador. Por encima de cualquier clasificación sitúa “el compromiso y la disciplina, el respeto hacia compañeros y rivales y la capacidad de trabajar para el equipo”.
Al final de la temporada, lo que realmente desea no es mirar únicamente la tabla, sino observar las caras de sus jugadores. “Lo más importante es que acaben contentos, felices y orgullosos. Que bajen a entrenar con una sonrisa, que hayan progresado y aprendido desde el primer día”. Porque si algo quiere que recuerden dentro de unos años es sencillo y profundo a la vez: “Que siempre te recuerden como un entrenador que les hacía disfrutar de lo que más les gusta”.

