El pasado fin de semana, en un partido de máxima exigencia ante el San Agustín, Marcos Iguaz volvió a marcar diferencias. Su gol abrió el camino de la victoria (1-2) y confirmó lo que todos esperaban. El Marcos decisivo de la pasada temporada ha vuelto tras haber estado apartado un año por una grave lesión de ligamentos cruzados. “Fue un momento muy especial. Marcar el gol no solo fue un premio a todo el trabajo realizado en silencio para poder volver, sino que significó una mezcla de liberación y felicidad volver a perforar la portería y ayudar al equipo”.
Un tanto que tuvo un peso que va más allá de lo deportivo. El vestuario sabía lo que estaba en juego: “Sabíamos que era un partido difícil, en un campo complicado, contra un rival directo donde no nos iban a regalar nada. Si conseguíamos la victoria y los tres puntos sería un paso de gigante hacia nuestro objetivo”. La victoria refuerza una reacción que empieza a consolidarse en una temporada exigente. El equipo compite en la segunda mitad de la clasificación y cada jornada es decisiva. “La temporada no está siendo fácil, pero debido al buen trabajo del grupo y del cuerpo técnico estamos volviendo a ser un San Gregorio reconocible”.
En contextos de presión clasificatoria, la cabeza pesa tanto como las piernas. Marcos lo tiene claro: “Cuando estás abajo en la clasificación, la cabeza juega un papel fundamental. En muchos partidos nos ha tocado perder por factores mentales más que físicos”. Para dar el paso definitivo en esta recta final, el mensaje es claro: continuidad. “Si conseguimos mayor regularidad y replicamos la mordiente que tuvimos contra el San Agustín, llegaremos a nuestro objetivo”. Como uno de los referentes del vestuario, asume su rol con naturalidad, dentro y fuera del campo, en un curso donde la experiencia también suma.
Volver a disfrutar
Después de un año fuera de los terrenos de juego, su perspectiva ha cambiado. “Valoras cosas que antes no te parecían tan importantes como compartir vestuario o poder bajar a entrenar cada semana”. Sobre su estado actual, se muestra prudente pero optimista: “Después de una lesión de cruzado siempre hay un proceso, no solo físico, también mental. Ahora me siento con confianza, sin miedo en las acciones y disfrutando otra vez. Eso es clave”. La recuperación le dejó aprendizajes profundos: “La lesión me ha hecho ser más paciente, muchas veces quieres acortar plazos pero siempre está bien que haya gente al lado que te diga tranquilo, en este caso son mis padres y mi hermano quienes han estado conmigo durante todo el proceso”.
Marcos quiso enviar también un mensaje de ánimo a compañeros como Cheve o Raúl, actualmente en plena recuperación: “La lesión de ligamento cruzado es un camino largo y a veces desesperante, pero se sale. Es una lesión muy solitaria, por lo que recomiendo rodearse de gente positiva, trabajar cada día e intentar no perder la ilusión”.
Su gol ante el San Agustín ha sido mucho más que un tanto. Es el símbolo de una vuelta. De la paciencia. Del trabajo silencioso. Y de un equipo que, pese a las dificultades, sigue creyendo.
